EL UNIVERSAL ha hecho un gran recuento de los 25 años de la nacionalización de la banca. Sobre todo frente al olvido que mostraron muchos otros medios de comunicación
El asunto merecía recordarse, en parte por lo que significó en sí mismo, en parte por ser un elemento más de una secuencia de irresponsabilidades que inició hacia mediados de los 60.
Se acostumbra culpar a Echeverría de la destrucción de un esquema de desarrollo con estabilidad iniciado en 1958. No es totalmente cierto.
El relajamiento empezó desde el sexenio de Díaz Ordaz, bajo la conducción del mismo personaje que había ordenado, 10 años antes, las finanzas, Antonio Ortiz Mena. Sin embargo, no cabe duda de que el nivel de desorden que alcanzó Luis Echeverría no tiene comparación con los pequeños incrementos de gasto que Ortiz Mena lograba cada año durante el gobierno de Díaz Ordaz.
La locura echeverrista llevó al país a la primera crisis cambiaria en 20 años.
La devaluación de 1976, a diferencia de la de 1954, no fue planeada ni tuvo como objeto mejorar la competitividad. Fue resultado de un mal manejo de las cuentas públicas y las cuentas externas, que en aquella época no eran fácilmente diferenciables.
Pero a esa demencia siguió otra peor, la de López Portillo, que al inicio de su gobierno entendía muy bien sus limitaciones, pero que con el tiempo dejó de reconocerse falible.
En su discurso de entronización a la Presidencia llamaba a la unidad, enfatizaba los retos pero también las posibilidades nacionales. Un par de años después, al anunciar el tamaño del manto petrolero que se acababa de descubrir, Cantarell, con toda claridad reconocía que el problema de administrar la abundancia.
Sobre eso sería evaluado su gobierno, decía entonces. Y así fue.
Su gobierno resultó incapaz de administrar el regalo de la naturaleza que era Cantarell, pero lo mismo ocurrió con la sociedad en pleno.
México fue incapaz de aceptar que podía ser rico.
El inmenso complejo de inferioridad, que lleva consigo las actitudes de nuevo rico, provocaron que tanto el sector privado como el público derrocharan durante tres o cuatro años recursos que después serían añorados.
La crisis de 1982 es resultado de esa inmensa incapacidad de aceptar retos que tenemos los mexicanos. Y en esa crisis, López Portillo, en un arrebato, se hace de la banca, en parte para conseguir los dólares que eran urgentes en ese momento, en parte para castigar a quienes él consideraba traidores. Simplemente porque había fracasado la administración de la abundancia.
Es tal vez el momento de mayor ejercicio de la soberanía presidencial en el siglo, sin considerar la expropiación petrolera.
El presidente de la República, monarca absoluto, alteza serenísima, decide quitar a un grupo de personas sus derechos con la excusa del desarrollo nacional, de la traición, o de lo que sea… Es un berrinche de un rey menor, pero varios siglos tarde.
La nacionalización llevó consigo la apropiación de las cuentas en dólares, que fueron pagadas a la mitad de su valor de mercado, sin ningún ordenamiento legal que pudiese soportarlo.
Si bien la expropiación de las acciones de los bancos puede interpretarse como utilidad pública (cosa poco probable, salvo porque México era entonces un régimen totalmente autoritario), la propiedad de los dólares por parte de los ahorradores no tenía manera de ser expropiada.
De hecho, en un ambiente plural como el que hoy tenemos, no hubiera habido ninguna posibilidad de expropiar los bancos, puesto que no hay utilidad pública demostrable.
Sólo recuerde usted que el aeropuerto internacional que se construiría en Atenco no fue reconocido como utilidad pública, mucho menos el berrinche lopezportillista.
La crisis a la que llevaron los años de demencia de Echeverría y López Portillo han servido para que buena parte de los que trabajaron para ellos ahora se erijan como grandes defensores del bienestar nacional y culpen de todo el sufrimiento al neoliberalismo. Es una gran farsa.
La caída en el ingreso nacional, en los salarios, en la producción, no es producto de nuevas políticas, sino resultado de los gravísimos errores acumulados durante más de 15 años de utilizar a la economía con fines políticos. Costumbre iniciada por Ortiz Mena, mejorada por Echeverría y llevada al clímax con López Portillo.
Por eso hay que tener cuidado con algunos opinadores, que en aquellos tiempos ayudaron a hundir la economía nacional, para la que hoy recomiendan, con toda desfachatez, soluciones…
Powered by ScribeFire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario