Senadores de la República exhibieron sus mezquindades en vivo, en directo y a nivel nacional durante la reunión a la que convocaron a los concesionarios de radio y televisión —además de periodistas y comentaristas— para realizar un inédito intercambio de opiniones y puntos de vista sobre la reforma electoral. Sin embargo, cómo se pudo apreciar, todo fue una descarada burla.
Se suponía que nos invitaron para dialogar y en esa medida tratar de entender los puntos de vista de la gente de los medios, todos preocupados porque el dictamen de la reforma electoral implica un franco ataque a la libertad de expresión. Luego de cuatro horas, se supo que los senadores no estaban dispuestos a cambiar ni una sola palabra del dictamen que ya habían corregido antes de la reunión. Luego entonces, ¿qué objeto tuvo el encuentro?
No puedo dejar de pensar que todo fue un engaño premeditado. Los senadores dijeron, fíjese usted, que estaban convencidos de la inmaculada libertad de expresión, pero todos ellos siguieron defendiendo las prohibiciones extremas que incluye la reforma electoral, encaminadas directamente a censurar a los medios de comunicación durante las campañas electorales. No estuvieron dispuestos en ningún momento a escuchar realmente a sus interlocutores. Sordos por arrogantes, ciegos por soberbia, se sienten y actúan como si fueran los dueños del país. ¿Eso es democracia? Yo no lo creo. En todo caso, será partidocracia, que no es lo mismo.
Además, nos percatamos del poco conocimiento que tienen sobre el pago de impuestos que erogan los medios de comunicación. Omiten decir, por ignorancia o mala fe, que las radiodifusoras y las televisoras pagan impuestos doblemente, en efectivo y en especie, como lo señaló puntualmente el senador Jorge Mendoza, quien sí conoce de los medios. Y cuando lo hacen en especie, ¡ay, Dios! Bien lo señalaba Rogerio Azcárraga al recordar que la “Hora Nacional” era más bien la Hora del Na…”, porque antes de escuchar la palabra completa, el público apaga el radio (ya que ni siquiera tiene la opción de cambiar de estación).
¿Qué saben esas señoras y señores senadores sobre libertad de expresión? Mientras los medios les sirvan de plataforma, son respetables y hasta elogiables. Pero si reciben críticas –creo que democracia implica la crítica a los poderes públicos—, entonces los medios “faltan a la objetividad”, “están vendidos”, es decir, tienen la piel demasiado delgada. En esto los periodistas llevamos la peor parte. Si hacemos comentarios positivos sobre alguien de la clase política, nos tachan de vendidos o barberos; si hacemos un comentario crítico, las consecuencias van desde infundadas descalificaciones hasta amenazas cumplidas de muerte. No hablo de memoria. El espectáculo del martes pasado me remontó a la época del autoritarismo. Se olvidaron esos legisladores que la apertura democrática comenzó con la apertura de ciertos medios, de la prensa escrita y algunos espacios en la radio y ciertos espacios en la televisión (yo tuve el privilegio de hacerlo en 1988 con “Hablemos Claro” en Imevision). Todo ello como resultado del empuje social y el creciente reclamo de pluralidad informativa, veracidad y crítica. Antes de eso, era impensable ver en la televisión a algún personaje perteneciente a un partido opositor al PRI. ¿Queremos volver a ese pasado ominoso?
En dicha reunión, Pedro Ferriz de Con les dijo: “estamos en sus manos”, dando a entender que los legisladores se han convertido en los amos y señores del país, como hace algunos años el amo y señor del país era el presidente de la república. El comentario molestó al senador Pablo Gómez, quien dijo que no iba a responder a esos “improperios y majaderías”. Curiosamente, este senador se ha cansado de lanzar en diferentes foros “improperios y majaderías” contra sus “adversarios”. Eso se llama moral de doble estándar, y esa parece ser actualmente la tónica general de la gran mayoría de sus colegas pertenecientes a los tres partidos “grandes”.
De acuerdo con nuestras leyes, los senadores son representantes del pueblo. ¿De veras? Esta histórica reunión dejó muy en claro que esos senadores ofendieron a la gente de los medios, todos, (no solo a TV Azteca o Televisa, como han querido manejar algunos) pues el acto al que convocaron fue una vulgar maniobra de distracción. También ofenden al pueblo, a usted, lector, lectora, porque poco a poco avanzan por el camino de la exclusión de la pluralidad, la tolerancia y el diálogo, cimientos de una verdadera democracia; cosa muy distinta al “agandalle” que estamos viendo en los actos de esos legisladores. Si hoy alguien se pregunta a quién representan esas señoras y esos señores, la respuesta no puede ser más clara: a sus partidos políticos, a sus camarillas y a sus propios y muy particulares intereses. Aunque, eso sí, cobrando sueldos estratosféricos. Los diputados y senadores se despachan con la cuchara grande: reciben su sueldo base. A lo cual se suman los ingresos por cada comisión a la que pertenecen, los gastos de representación, el manejo de dineros para pagar asesores, choferes, celulares, además de sus boletos de avión para ir a sus lugares de origen. Ahí sí está el pueblo: para pagarles sus sueldos y sus excesos. Y en esta materia, créame, no hablo de memoria. En fin, estos señores han secuestrado la democracia mexicana. ¡Ah!, pero que tal gritaron al unísono “Viva México”, sabiendo que al país lo tienen en sus alforjas, perdón, en sus bolsillos.
Powered by ScribeFire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario