Falta dinero. Pero conseguirlo cuesta, y nadie quiere pagar ese costo. Beltrones, del PRI, rechazó que su partido hubiese propuesto, o quisiera, un impuesto adicional a la gasolina. Del PRD mandan decir que ellos no están dispuestos a aprobar ese tipo de impuestos, porque dañarán a los más pobres (que consumen mucha gasolina, me imagino). Manuel Espino, del PAN, dice que el impuesto tampoco es cosa de ellos, sino de los gobernadores. Y Peña Nieto niega tal acusación, dice que no fueron los gobiernos locales los impulsores de ese impuesto.
Es decir, nadie asume la responsabilidad del impuesto, pero todos esperan que se cobre. Porque ya todos tienen su lista de gastos para el próximo año, y para los que siguen. Y sí, son los gobernadores los que presionan por obtener mayores ingresos, porque ya no les basta con los excedentes del petróleo (que, por cierto, no existen, es dinero que Pemex tiene que compensar con endeudamiento). Y sí es el PRI el que quiere un mejor régimen para esa empresa, lo que implica menores ingresos para el gobierno federal. Y sí es el PRD el que quiere mayores programas sociales. Y sí es el PAN el que no quiere una crisis a la mitad del sexenio. Todos quieren gastar más, pero nadie quiere pagar el costo que viene junto.
La irresponsabilidad es común en la inmadurez. Uno no espera, en los niños, mucha preocupación por sus actos. Es más, hay que enseñarle que todo lo que haga tendrá consecuencias, y algunas no son agradables. Y en parte por eso nos enojamos con los adolescentes, que ya tienen facha de adultos, pero son tan irresponsables como los niños. Pero cuando un adulto actúa sin considerar las consecuencias de sus acciones, o conociéndolas, no le importan, es cuando realmente la irresponsabilidad es un asunto grave.
Los políticos mexicanos llevan décadas actuando en la más profunda irresponsabilidad. La década de los 70 fue un momento de irresponsabilidad colectiva monumental, que culminó en la gran crisis de inicios de los 80, incluyendo la nacionalización de la banca que tan bien ha recordado EL UNIVERSAL en estos días. Recuperarnos de esa década de locura nos ha costado muchísimo dinero y sufrimiento. Porque evadir la responsabilidad resulta más costoso que asumirla, pero tiene la ventaja, para el irresponsable, de que el costo se puede repartir.
Si aquella década podemos cargársela por completo al régimen de la Revolución (el origen del PRI y el PRD), la irresponsabilidad de este nuevo siglo la comparte el PAN con amplitud. Vicente Fox declinó asumir su responsabilidad, prefirió capotear como pudo los seis años de su administración, haciendo nada, la mayor parte del tiempo, y ocasionalmente causando problemas. Pero no estuvo solo en su evasión, lo acompañaron quienes pensaban que podían ser los siguientes ocupantes de Los Pinos, ninguno de los cuales vive hoy ahí, pero cuya irresponsabilidad todos pagamos.
Hoy, el PRI le echa toda la lumbre posible al conflicto del PAN y el PRD, porque con eso logra que este último partido rechace, irresponsablemente, negociar de frente a la sociedad. Con eso, el PRI se convierte en el grupo determinante, el fiel de la balanza, como se dice común, pero erróneamente. El PRI determina entonces lo que se decide, pero no tiene que asumir la responsabilidad, como lo ilustra el caso de la reforma fiscal. El PAN acepta este juego, porque no quiere asumir la responsabilidad de mostrar con claridad lo que está pasando en el país. Los gobernadores quieren más dinero, pero que lo cobre la federación, para no hacerse responsables. Con esa inmadurez plagando todos los espacios, toda la responsabilidad se le carga al Presidente. Por eso Fox prefirió recibir críticas por su pobre español. Si hubiese actuado, las cosas hubieran sido peores.
Permítame ponerlo de otra manera: cuando una gran mayoría de los agentes políticos deciden evadir su responsabilidad, fuerzan al resto a hacer lo mismo. Cuando, como hoy, tenemos políticos plenamente subversivos que se dicen agraviados, francamente mafiosos que se dicen reformadores, flagrantemente incapaces que se imaginan padres de la patria, asumir responsabilidades y actuar con carácter y sensatez es extremadamente difícil.
Sólo la sociedad puede romper esta dinámica. Despreciemos a los irresponsables, premiemos a quienes asumen los costos. Actuemos con madurez.
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