PRD y PRI no pudieron explicar los “pecados” que habrían cometido los consejeros para ser despedidos
Algunas voces interesadas ya están en las listas que se barajan para integrar el nuevo Consejo General del IFE
La suerte de la reforma electoral parece echada. Y es que una vez que el dictamen correspondiente se apruebe en comisiones, es poco, muy poco lo que se puede hacer para revertirlo.
Hasta la tarde noche de ayer nadie conocía el texto definitivo del dictamen que será enviado al pleno del Senado de la República, pero ante los ojos de todos quedó exhibido un peculiar recuento de daños que provocó la discusión pública de esa reforma, y que va desde una guerra entre actores políticos y las televisoras, un conjunto de mentiras y medias verdades que dominaron el debate, y la ambición desmedida de académicos e “intelectuales” que a través de textos engañosos ya se formaban para buscar uno de los nueve cotizados lugares del nuevo Consejo General del IFE.
En el primer caso —el de la guerra de políticos con poderes fácticos como las televisoras y sindicatos como el SNTE—, quedó claro un fuerte rompimiento entre Televisa y TV Azteca con un influyente sector del PAN, especialmente con el senador Santiago Creel y con el ex senador Javier Corral. Esa guerra, según algunas voces enteradas, se podría extender incluso a gobiernos estatales, al Congreso mismo y, en el extremo, al gobierno de Felipe Calderón.
Y es que en Televisa, por ejemplo, no les perdonan tanto a Creel como a Corral que los dos políticos azules hayan sido factor clave para echar abajo la ley Televisa, además de impulsar la reforma que podría dejar fuera a las televisoras y a la radio del jugoso negocio electoral. Lo paradójico del asunto es que en los meses previos a julio de 2006, una de las alianzas de poder fundamentales se dio, precisamente, entre Televisa y el que fuera secretario de Gobernación y luego precandidato presidencial del PAN, Santiago Creel.
Así, cuando Creel perdió la posibilidad de ser candidato presidencial, no sólo rompió con Televisa, sino que se convirtió en uno de sus principales impugnadores, en una suerte de mea culpa por los dislates cometidos en el pasado reciente. La de Javier Corral, cuestionable o no, siempre fue una postura congruente respecto de la perniciosa influencia mediática en la política. Pero el rompimiento de las televisoras con el PAN no es el único caso, porque en el PRI también se “cuecen habas”. Todos saben que uno de los pretensos presidenciales del PRI es Manlio Fabio Beltrones, cuya relación con las televisoras también terminó, por decir lo menos, fracturada.
El de las mentiras y las verdades a medias, respecto de la reforma electoral, es otro de los saldos negativos del debate sobre la reforma electoral. A pesar de que académicos interesados pretendieron justificar la salida de los consejeros del IFE, lo cierto es que ni el PRD y menos el PRI pudieron explicar las razones, las violaciones legales, los “pecados” que habrían cometido los consejeros del IFE para ser despedidos. En el fondo, la motivación fue política, en el caso del PRI, y hepática, en el del PRD.
Tampoco pudieron explicar esos partidos la razón por la que en 2003 no se inconformaron, y por qué no promovieron una reforma para impedir que el Consejo General del IFE se integrara como finalmente se integró. Y mucho menos tuvieron la capacidad de explicar la razón por la que en la nueva reforma —que hoy podría ser enviada al pleno del Senado— no se cambió la fórmula para seleccionar a los nuevos consejeros, que seguirá siendo de cuotas. Muy pocos reconocieron que en 2003 el PRD no fue excluido de la integración del nuevo Consejo General del IFE, sino que se marginó solo, porque pretendió imponer la reelección de uno de los suyos para, luego, llevarlo a la presidencia del IFE.
Nadie en el PRD y el PRI —y por extensión en el PAN— fue capaz de explicar y/o aclarar la mentira de la reducción del costo de las campañas; tampoco la razón para no incluir en esa reforma figuras como las de la reelección o las candidaturas independientes, y menos el origen tramposo y excluyente de la nueva fórmula para el reparto de las prerrogativas a los tres grandes partidos, con la reducción del dinero a los partidos chicos.
Nadie explicó la razón por la que se propuso una contraloría al IFE, que limita su independencia y lesiona su carácter ciudadano, y en cambio se habló sólo de una supuesta fortaleza del instituto, cuando ante los ojos de todos lo que se buscaba era un IFE a modo, subordinado a los partidos. Y por supuesto nadie explicó la razón por la que los partidos se guardaron “bajo la manga” la saludable pero oscura decisión de dejar fuera de los procesos electorales a los medios electrónicos de comunicación.
Pero acaso el fenómeno más peculiar de los exhibidos en la discusión de la reforma electoral es el de la participación interesada de un puñado de académicos “intelectuales” y opinadores —algunos incluso apoyados por sus medios y/o voceros partidistas— que repentinamente aplaudieron la reforma, justificaron lo injustificable y abiertamente se sumaron a las voces que pedían la guillotina para los actuales consejeros del IFE. Lo curioso es que esas voces interesadas ya están en las listas que se barajan para integrar el nuevo Consejo General del IFE. Y claro, pronto se conocerán y se podrá contrastar su activismo en la “opinocracia”, como la moteja Jorge Castañeda.
En el camino
Dice el señor “legítimo” que el secretario de Hacienda tiene asignados 3 mil pesos para gastos de alimentación, lo que significa “que se come media vaca al día, cuatro borregos o 40 pavos”. El nivel del debate y de los políticos. Se mofa de la obesidad de Agustín Carstens. Por cierto, ¿quién, quién era el gobernante del DF que tenía un chofer de 60 mil pesos? ¿Quién tenía un secretario de Finanzas que jugaba millones de dólares en Las Vegas? ¿Quién se llevó los dólares y las ligas? Ver para creer.
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