viernes, 21 de septiembre de 2007

Democracia sin partidos - de la columna de esteban moctezuma barragán




Tenemos que romper un paradigma: que los únicos responsables de velar por el bienestar general, proponer políticas públicas y solucionar problemas sociales son el gobierno y los partidos.

La comunidad se está convenciendo que no basta con cumplir leyes, pagar impuestos y votar para ser buenos ciudadanos.

Crece la conciencia colectiva sobre la necesidad de involucrarse, de hacer propios los problemas de otros para coadyuvar a resolverlos.

Los ciudadanos se organizan para resolver problemas, tan sólo eso. No para ocupar espacios reservados al gobierno.

Es muy común que el inicio de una fundación sea el esfuerzo de padres de familia que, sin haber encontrado soluciones ante graves problemas de sus hijos, llámese quemaduras, cáncer, educación especial, síndrome de Down, seguridad o contar con un parque, resuelvan por sí mismos su problema.

En todo el mundo, el sector sin fines de lucro es una fuerza significativa y en crecimiento. Engloba organizaciones filantrópicas, sociales, productivas, asistenciales, ecológicas, culturales y educativas, entre muchas otras.

Según la OCDE, casi 4% de la población mundial labora en esas asociaciones y se encuentran en educación (30%), salud (20%) y servicios sociales (18%).

En Estados Unidos, 85% de la población apoya dos o más organizaciones no lucrativas. Éstas generan uno de cada 10 empleos remunerados y 9 millones de voluntarios. La American Cancer Society emplea a 6 mil personas remuneradas y a 2.5 millones de voluntarios.

Este sector es más eficiente que algunos gobiernos. Hace más con menos, no persigue lucro, no utiliza burocracias y cuenta con trabajo voluntario.

Si el tercer sector mundial se sumara como una economía, sería la sexta más importante. Por ello, en los países desarrollados, los gobiernos son los primeros interesados en su crecimiento. En promedio, lo apoyan con 40% de los recursos que requiere para prestar sus servicios.

En México, el tercer sector es aún incipiente. Ocupa el último lugar en la OCDE. Chile cuenta con 35 mil organizaciones no lucrativas, y nosotros apenas rebasamos las 5 mil registradas.

Pero, hay muchos mitos alrededor de nuestro sector no lucrativo, por ejemplo, que se financia de recursos públicos.

Casi 80% de los ingresos del sector proviene de cuotas y servicios, esto es, recursos autogenerados; 10% de donativos directos de los ciudadanos, y solamente 10% de transferencias gubernamentales: 30 puntos porcentuales menos del promedio internacional.

Existen algunas cifras que resultan ilustrativas: este sector canaliza más de 3 mil millones de pesos a proyectos sociales; atiende cerca de 800 mil personas en pobreza o con discapacidades, desnutrición, situación de calle, víctimas de adicciones o sida, entre otros.

Atiende 80% de los refugios para víctimas de la violencia intrafamiliar.

Trabaja en 33% de los municipios de muy alta marginación.

Promueve lazos de cooperación, normas de reciprocidad y solidaridad que hacen posible que los ciudadanos se organicen y luchen para superar condiciones de pobreza y exclusión social.

Crea y asesora cooperativas y empresas solidarias en el ámbito de la producción, comercialización, finanzas y microcrédito.

Las organizaciones no lucrativas son verdaderos ejemplos de distri-bución no sólo del ingreso, sino de capacidad emprendedora, porque aumentan el ingreso nacional, el espíritu productivo, disminuyen el gasto público y generan riqueza.

Los ciudadanos aprenden a resolver sus problemas solidariamente. ¿No estamos caminando hacia una democracia con partidos acotados a su función real?

Me atrevo a afirmar, incluso, que el tercer sector sobrevivirá al esquema clásico de organización gubernamental, porque es el paso siguiente de la democracia electoral. Es la verdadera democracia participativa.


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