Frente a esa pequeñez no hay más remedio que el castigo del voto; pasada la emergencia, el pueblo dará su veredicto
Dice la voz popular, sabia en muchos casos, que las tragedias “sacan lo mejor y lo peor de la condición humana”. En la memoria de algunos aún viven las imágenes de los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, que en sendos desastres naturales recriminaron severamente el primero a quienes pretendieron usar el emblema de “solidaridad” en medio de la tragedia y, el segundo, a un grupo de supuestos damnificados que buscaron realizar proselitismo partidista, también en el peor momento de un desastre.
En meses recientes —para quienes por razones de edad o desmemoria no recuerdan los pasajes anteriores—, muchos recordamos que en medio de otro embate natural, el gobierno de Veracruz decidió empacar la ayuda a los damnificados en bolsas de color rojo con el emblema del PRI, similares a los utilizados por la propaganda electoral del partido oficial en esa entidad, en donde, por cierto, por esas fechas se llevarían a cabo elecciones.
El oportunismo político-partidista-electoral en tiempo de tragedias naturales es una suerte de “tara” que acompaña a todos o casi todos los partidos y gobiernos surgidos de las distintas formaciones existentes en México. Y en esta ocasión, frente a la tragedia que viven los habitantes de Tabasco y Chiapas a causa de las lluvias, esa “tara” no parece ser la excepción; sigue presente. A continuación dos estampas periodísticas que lo demuestran:
“La ayuda para los damnificados se politizó ayer en la tierras de Andrés Manuel López Obrador. Priístas y perredistas de la comunidad de Tierra Colorada se enfrentaron cuando llegó un helicóptero de la Marina que transportaba alimentos y agua.
“‘No los queremos, váyanse; no queremos su ayuda, no queremos nada de ustedes’, gritaron mujeres priístas al piloto, y acusaron al PRD de controlar el acopio de todos los víveres. Por su parte, un grupo de mujeres perredistas acusaron al gobierno federal de privilegiar a los seguidores del PRI. Ambos grupos increparon al piloto y al copiloto del helicóptero y amagaron con agredirlos, por lo que los marinos optaron por regresar a Villahermosa”. La información anterior es un reporte informativo de Benito Jiménez, corresponsal del diario Reforma en Macuspana, publicado en la edición dominical de ese periódico.
“Un avión con 5 toneladas de despensas arribó a esta ciudad (Villahermosa) procedente de la ciudad de México. La ayuda proviene del gobierno del Distrito Federal, y la consigna es entregar los víveres a municipios gobernados por el PRD. El supervisor del aeropuerto que proporciona el traslado mostró su disgusto, pues en vez de que la ayuda fuera enviada a los albergues, se ocuparon camiones de redilas que llevaron la ayuda a municipios perredistas.
“Toda la gente requiere ayuda, pero mucha; varios municipios gobernados por el PRD han sido olvidados por el gobierno de Andrés Granier, y eso es injusto, así que urgió al gobierno del DF una ayuda aparte”, dijo el conductor de uno de los camiones que llevaron los víveres a los municipios de Macuspana y Nacajuca. La anterior información fue tomada del diario Reforma, de su edición del lunes 5 de noviembre.
¿De qué nos hablan las dos informaciones anteriores? En los dos casos, según los testimonios periodísticos, alguna autoridad municipal o estatal de Tabasco, por un lado, y del Distrito Federal, por el otro, estarían lucrando políticamente con la tragedia o por lo menos esa es la percepción de algunos sectores de ciudadanos tabasqueños afectados.
Pero cualquiera que sea el caso, que el gobierno priísta de Andrés Granier en Tabasco o el perredista de Marcelo Ebrard en el Distrito Federal hayan incurrido en el despropósito de convertir la ayuda que requieren todos los damnificados en un acto de proselitismo político, no es o no sería más que una muestra de que sigue viva la polarización política que se gestó en esa entidad desde hace por lo menos dos décadas, incluso en momentos en que debiera pasar a último término, para dar paso a la responsabilidad que con todos los tabasqueños tiene el gobierno estatal del señor Granier, y a la solidaridad que con todos los afectados de Tabasco, sin distingo de franquicias partidistas, debiera tener el gobernante del Distrito Federal, Marcelo Ebrard. De confirmarse la ayuda partidista y hasta facciosa de gobiernos del PRI o del PRD —que por fortuna no ha dado muestras de una mayor escala—, estaríamos ante la vergonzosa confirmación de que tanto políticos como gobernantes, del partido que se quiera, son incapaces de dejar a un lado y de manera momentánea sus diferencias para dejar salir lo mejor de todos ellos: la responsabilidad en tanto gobernantes y la solidaridad social a secas, sin tintes partidistas y sin preferencias políticas.
Y es que en todos los casos, sean gobiernos del PRI, PRD y PAN; sean de los órdenes municipal, estatal o federal, los mandatarios no son más que eso, depositarios del mandato ciudadano, responsables del buen ejercicio de los dineros públicos, y que tienen como una de sus encomiendas fundamentales la de velar por la vida y los bienes de todos sus gobernados.
Pero más aún, el hecho de que se presenten testimonios como los arriba relatados —en donde la ayuda a los damnificados pasa por el tamiz del color partidista o de la preferencia electoral— habla de la pequeñez de gobernantes y partidos políticos, que no se asumen como parte del Estado mexicano, con obligaciones y responsabilidad, sino como dueños de las franquicias partidistas, dueños de la clientela de esos partidos y dueños del clientelismo para garantizarles la ayuda en casos de desastres, como el que se vive en Tabasco y Chiapas. Y frente a esa pequeñez, no hay más remedio que el castigo del voto; pasada la emergencia el pueblo dará su veredicto. Al tiempo.
En el camino
Otra vez fallaron los sistemas de prevención, estatales y federales. ¿No era previsible el desgajamiento del cerro que sepultó a la comunidad de San Juan Grijalva, en Chiapas? Otra vez los pobres ponen los muertos.
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