lunes, 12 de noviembre de 2007

Los irresponsables, otra vez - Macario Schettino

Alguna vez ya lo habíamos comentado en este espacio: éste es un país
de irresponsables. La tragedia en Tabasco me parece que es gran
evidencia de ello, por su origen, por lo que hoy ocurre y espero que no
por lo que habrá de seguir.

En un país que por tantos años ha
vivido bajo un régimen autoritario y vertical, es costumbre achacar los
males a los gobiernos, y particularmente al Presidente, que por mucho
tiempo pareció todopoderoso. Esta característica del régimen de la
revolución, fue una de las que impidieron la ciudadanización de la
sociedad, porque nos mantuvo en un perpetuo estado infantil. Nunca
había un responsable de nada, porque todo era parte del Estado. Nos
pasamos el siglo XX siendo irresponsables, es decir, infantes a los que
todo les ocurría y nada podían hacer para evitarlo.

No
quiero decir que la tragedia de Tabasco pudo haber sido evitada con dos
o tres pequeñas medidas, porque eso no es correcto. Inundaciones
ocurren en muchas partes, con frecuencia catastróficas. Pero sólo en
países de irresponsables pone uno a vivir a un millón de personas en un
pantano que seguramente se inundará. La diferencia con los países de
adultos es ésa: no que no ocurran desastres, sino que la población se
hace responsable de reducir los riesgos.

Acá los políticos
rápidamente han culpado a sus congéneres: que si los gobernadores
anteriores, que si el presidente anterior, que si las paraestatales. Y
es perfectamente posible que cada uno tenga una pequeña parte de culpa,
pero hay que sumarle a los líderes que promovieron construcción de
vivienda, a otros políticos locales que dieron permisos a sabiendas de
las amenazas, a los miles de personas que aceptaron vivir en zonas
claramente problemáticas y que, como lo hemos hecho por cientos de
años, aguantaron los riesgos porque así se acostumbra. Y a los miles
que no hicieron caso a los anuncios de la inundación, que les hubiera
permitido rescatar algunos bienes y evitar el trauma de huir en medio
del agua.

Sin menospreciar la irresponsabilidad de los
políticos, también hay que asumir la que tiene la sociedad. Porque no
sólo en Villahermosa hay viviendas en zonas de muy alto riesgo, las hay
en prácticamente todas las ciudades grandes del país y en muchas
medianas. Y no sólo en Villahermosa se ha construido una ciudad en
donde no hay manera de mantener servicios públicos, salvo a costos
excesivos. Y no nada más tenemos riesgos de inundaciones, sino que
tenemos una perpetua actitud irresponsable en todas direcciones.

No
tratamos el agua que desechamos, no cuidamos los bosques, no separamos
la basura. Vaya, ni siquiera la tiramos donde se debe, sino por donde
vamos pasando. Y todo eso cuesta, y mucho. No somos responsables
siquiera con nuestra salud y la de nuestros hijos, y por eso somos uno
de los países con mayor obesidad, y en consecuencia con mayores riesgos
de diabetes, lo que implica mayores costos de salud pública. Para
terminar la letanía, ni siquiera nos hacemos responsables de la
educación de nuestros hijos y, en consecuencia, seguimos soportando la
actitud criminal de los profesores que destruyen la vida de los jóvenes
al dejarlos incapacitados para aprender. Y el costo es inmenso.

Es
posible que muchos mexicanos no tengan siquiera conciencia del daño que
implica su irresponsabilidad. Pero eso mismo es un problema que la
sociedad debe resolver. Porque corregir las irresponsabilidades es
absurdamente costoso. Es necesario que hagamos un esfuerzo por tomar
conciencia de nuestra actitud y hacernos responsables de nuestras
acciones. Ya no culpando de todo al gobierno, aunque no por ello dejar
de vigilarlo.

Hace 30 años, no asumir las
responsabilidades de la sociedad permitió la destrucción casi total de
la economía a manos de gobiernos igualmente irresponsables. Pero no
pueden, quienes vivieron entonces, simplemente culpar a esos gobiernos
y asumirse como víctimas. Como no se puede, hoy, seguir actuando
irresponsablemente impidiendo decisiones urgentes, en lo fiscal, en lo
energético, en lo educativo.

No podemos dejar de asumir
nuestra responsabilidad. Lo que no hagamos hoy se tendrá que pagar
mañana, y muy caro. Las generaciones pasadas nos han trasladado un
costo enorme, no hagamos lo mismo nosotros.



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